Monday, November 24, 2008

Insultos oficiales

Muy acertadamente se dice que cada país tiene el gobierno que se merece, y que nuestra clase política no es más que el reflejo público de una sociedad que no respeta a nada ni a nadie.

Hoy, quien ocupa el Palacio de Carondelet utiliza cada oportunidad que tiene para insultar, repartir epítetos y calificar con palabras duras a todos quienes piensan diferente que él.

Si bien esto demuestra algo que muchos advertimos de Rafael Correa antes de que sea electo (de que se trata de una persona poco tolerante, muy explosiva y definitivamente poco respetuosa).

Es que son muchas las actitudes de este personaje que molestan y hasta repugnan a quienes nuestras familias nos inculcaron valores firmes, peor aun cuando se trata de descalificar a una mujer como Margarita Arosemena diciendo que se trata de “una vieja pelucona”. Como si no fuera ya suficientemente grave la falta de respeto a una dama, se trata además de un personaje que tiene muchísimos años dedicada a una labor ejemplar como es la Casa del Hombre Doliente, en otras palabras, ella dedica su tiempo a los más enfermos desde antes que Rafael Correa aprenda si quiera a jugar a la rayuela.

Es una lastima que frente al rotundo fracaso de la economía en este primer año de gobierno, Correa continúe descargando sus frustraciones en quienes difieren con sus planes utilizando la herramienta más mediocre que existe: el insulto y la descalificación.

En política, lo que separa a los niños malcriados de los hombres de estado es su capacidad de discutir ideas y no personas, de aceptar sus errores, de respetar criterios diferentes y reconocer por ejemplo el terrible desempeño de la economía, al fin y al cabo en este 2007 que terminó la economía del país tuvo las peores calificaciones del continente y como dice el gran filosofo Daddy Yankee “los números hablan por si solos”.

Que lastima que el llamado a ser el portaestandarte del cambio y el ejemplo de un futuro mejor no utilice su popularidad para los fines correctos. Pensar diferente en democracia es un derecho y quien simplemente insulta en lugar de discutir las ideas de fondo, demuestra claramente no estar a la altura de las circunstancias y que definitivamente el cargo le quedo grande.

No nos olvidemos que el fin jamás justificará los medios y llega un punto en que la paciencia deja de ser una virtud.

Articulo publicado en la Revista La U.