Thursday, May 29, 2008

Obviamente, estabamos equivocados

Existe un caso sorprendente que debe servir de ejemplo para países como nosotros. Me refiero a Irlanda y su despegue económico. Son varios los factores que lograron consolidar a ese país como vanguardista en el mundo, pero en particular un aspecto se destaca y lo explicaré a continuación. En 1987 el Gobierno decidió que su prioridad iba a ser lograr un acuerdo con los sindicatos y empresarios para establecer un proceso consensuado que permitiera avanzar en el camino hacia el desarrollo.

Dicho acuerdo se logró y en él se establecía que el Gobierno se comprometía a reducir los impuestos, en especial a los empresarios, quienes se comprometían a respetar los puestos de trabajo y, por último, los sindicatos prometían exigir menores aumentos salariales a cambio de mayores beneficios futuros. El resto como dicen, ya es historia e Irlanda se ha convertido en el mejor país del mundo para vivir según varias publicaciones internacionales muy prestigiosas.

He dedicado este artículo al tema irlandés porque hoy se impone de parte del Gobierno a los empresarios medidas no consensuadas como la reforma tributaria y el mandato sobre tercerización, intermediación laboral y contrato por horas, de la misma manera que antes ciertos empresarios impusieron su visión al resto del país. Por lo que continuamos en esta especie de constante vendetta que no permite trazar planes a futuro partiendo de mecanismos de éxito probado.

Pretender esconder el hecho de que varios grupos empresariales recibieron prebendas de gobiernos anteriores es querer tapar el sol con un dedo, casi como hoy negar el afán revanchista de quienes son poder y buscan llevar las aguas a su propio molino sin analizar las consecuencias a largo plazo de aquellas actuaciones. La solución por ende no ha estado en estas estrategias que se han convertido en círculos viciosos.

En el Ecuador todavía existen visiones casi prehistóricas que se oponen a la globalización simplemente por oponerse, y por un mal entendido concepto de soberanía que ha perdido toda vigencia. La verdadera soberanía está en tener ciudadanos capaces de vivir mejor participando de lo bueno que se puede aprovechar del proceso de integración mundial y limitando los aspectos negativos, que sí que tiene.

El acuerdo fue crucial para lograr el desarrollo irlandés, el Gobierno comprendiendo el éxito de otros países aceptó la reducción de impuestos y tuvo el liderazgo de asumir este compromiso con empresarios y trabajadores, que pese a los problemas iniciales se mantuvieron en el rumbo señalado apostando por algo realmente revolucionario: una Irlanda del primer mundo.

La frase que sirve de título para este artículo la saco de un libro muy refrescante de Oppenheimer y la dijo un veterano líder sindical irlandés, de esos que se habían opuesto al tratado de libre comercio y la integración económica hace no muchos años. Ellos aprendieron del error. ¿Cuándo lo haremos nosotros?

Articulo Publicado en Diario El Universo 29 de Mayo 2008