Saturday, March 01, 2008

La tirania de la mayoria

Para quienes entienden la "democracia" como una forma de gobierno y elección, por la cual se toman decisiones en base a lo que quiera la mayoría; este domingo 15 de abril, fue una victoria para esa "democracia".

Es sin duda lamentable que en nuestro país, se venda la idea de que eso es democracia, cuando justamente su concepto es contrario a justificar la tiranía de la mayoría. Por este concepto entendemos que los que son "más" violen, ya sea legislando o gobernando, los derechos de los que son "menos", aplicando de manera absoluta el principio mayoritario.

En un régimen democrático el peligro es que la mayoría ejerza el poder absoluto, siendo más peligroso aún que lo ejerza la minoría.

La democracia requiere límites para evitar estos excesos, y justamente esos límites son los que deben encontrarse en una verdadera Constitución; y para este análisis utilizaré como recurso varias publicaciones, pero en particular una hecha por la Fundación Ecuador Libre cuya lectura recomiendo a todos.

Si bien, Estados Unidos de América no es precisamente hoy un referente para el país por razones básicamente ideológicas; negar que ese sistema constitucional es el que debamos imitar en varios aspectos sería sin duda descabellado.

Hemos tomado del Constitucionalismo Americano (influido por Montesquieu) el sistema de separación radical de poderes, también de ellos adoptamos el sistema presidencialista –un poco tambaleante en el Ecuador- así como la ausencia de monarquía y sin duda lo más importante: La supremacía jurídica de la Constitución.

Resulta hoy – tal vez más que nunca – importante que entendamos el por qué del éxito de la Constitución norteamericana. Su vigencia en el tiempo, se debe a que quienes la redactaron la entendieron como un documento diseñado para "gobernar al gobierno" y no a los ciudadanos, y para proteger la libertad de las personas de cualquier abuso, incluso de aquellos cometidos en nombre de la mayoría.

En estos días el Ecuador de forma abrumadora ha decidido seguir el proceso constitucional francés, –nacido en la Revolución Francesa- sin duda el más radical y absurdo de los constitucionalismos. (A esto se debe la referencia histórica de mi artículo anterior). En ella aparece la figura de la Asamblea Nacional que parte del denominado Tercer Estado. Cuando se intentó limitar sus funciones, los diputados de esta Asamblea dijeron: "una nación en Asamblea no puede recibir órdenes" –cualquier parecido a nuestra realidad es pura coincidencia-. Y así entraron en el fracasado proceso de la construcción de esa "nueva humanidad".

Mientras Robespierre afirmaba –inspirado en Rosseau- que: "la libertad del mundo será nuestra obra", los ingleses y los norteamericanos, inspirados en Locke, pedían el reconocimiento por parte de los gobernantes de su libertad natural. Mientras los franceses pretendían "inventar" la libertad, los anglosajones aspiraban consolidarla.

Pretender que la Constitución que redacte esta Asamblea Constituyente, "invente" un Ecuador mejor para todos es un absurdo, lo que sí debemos no solo esperar sino exigir, es que esa nueva Carta Magna, limite los poderes del Estado para evitar así los abusos y excesos cometidos en el pasado. La Constitución nuestra, para que tenga una larga vigencia en el tiempo, debe carecer de ideología y no debe ser un plan de gobierno de nadie, peor un conjunto de metas inalcanzables.

La nueva Constitución debe también enmarcar de forma clara la democracia para volverla real y no permitir la tiranía de unos cuantos ni de muchos.

No olvidemos que la democracia nace con el fin de destruir el poder del dictador, pero si en esta victoria lo que se hace es reproponer un poder total, entonces no hemos destruido al déspota, sino que simplemente lo hemos reemplazado.

Debemos concluir entonces teniendo claro que "todo el poder al pueblo" debe ser solo un grito de batalla, ya que como decía Hamilton: "Dad el poder a los más y oprimirán a los menos. Dad el poder a los menos y oprimirán a los más".
El tema del poder solo se resuelve si no se da el poder a ninguno, sino que se lo distribuye entre todos, mayorías y minorías.

No podemos olvidar, que la mayoría eligió a Hitler en Alemania, dándole así legitimidad bajo la óptica de quienes ven así la "democracia". Así como fue también la mayoría la que salvó a Barrabás y condenó a Jesús en tiempos bíblicos. En nombre de la mayoría se han cometido los peores excesos, demostrando aquello que siempre se le cuestionó a Maquiavelo: que el fin jamás justificara los medios; y lo que es ilegal e inconstitucional, jamás dejara de serlo, simplemente por que así lo quiere la mayoría.

Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.