La Revolucion Francesa
Sin duda uno de los eventos más importantes de la historia del humanidad, fue este que se llevo acabo a principios y mediados de 1789 en Francia, y más específicamente, en la ciudad de las luces. Paris.
Es complicado en un espacio tan reducido mencionar muchas de las cosas que ocurrieron, pero tratare de ser lo más concreto posible.
El Rey Sol, Louis XIV, gobernó Francia de una manera ejemplar, tanto así que es recordado como el mejor monarca de la historia del país galo.
Los años pasaron y la opulencia en la que vivían los reyes, más las malas administraciones, conspiraron para que el pueblo francés poco a poco se levante contra su monarquía absolutista, que en los últimos años había sido el símbolo del poder del rey, resumido en la mítica frase del Rey Sol, “L’ Etat ce moi” (El Estado soy yo).
Con la toma de la Bastilla, símbolo del poder opresor de los reyes, el pueblo de Paris da paso a una de las etapas más comentadas y menos conocidas de la historia mundial.
Esta aparente victoria del pueblo sobre sus opresores, no genero lo esperado para quienes la llevaron adelante, ni para quienes creyeron en ella, pero sin duda sirvió de ejemplo para que otros países alcanzaran eso si, el objetivo de esta revolución, pasando por alto los puntos donde los franceses fracasaron.
Luego y durante la Asamblea Nacional, donde aparece la primera distinción clara entre la izquierda y la derecha (por su ubicación dentro del parlamento), las principales figuras de la revolución, pasaron por la guillotina dando paso a lo que la historia conoce como “Paris bajo el terror”, donde la ciudad estaba librada a su propia suerte y prevalecía una especie de ley de la selva. La situación de los franceses poco y nada había cambiado desde la revolución y el desencanto comenzaba apoderarse del país una vez más de manera generalizada. La necesidad de alguien que impusiera el orden era cada día más un clamor popular.
Estos antecedentes, sirvieron para que se crease la necesidad de una figura militar que impusiera el orden por la fuerza para entregar verdaderamente el poder al pueblo. Y así aparece el pequeño, ambicioso militar destacado, nacido en Corsica: Napoleón.
Lo que sigue creo que es conocido por todos, Napoleón se auto proclama emperador y se nombra Napoleón I. Todo por cuanto habían luchado los franceses, les había sido arrebatado con la misma velocidad con que lo habían conseguido, y se encontraron a si mismos en la misma posición de la cual partieron. Napoleón dirigió el país como su hacienda personal y luego de sus derrotas en Waterloo y Trafalgar, dejo una nación peor de la que había recibido. La monarquía volvió a instalarse con los descendientes de Louis XVII y toda esa sangre había sido derramada en vano. Tuvieron que pasar siglos para que Francia con todos sus defectos sea hoy lo que conocemos.
¿Por qué decidí hablar de este tema? Porque muchos hoy dicen que el pueblo debe tomarse el poder como lo hicieron en la revolución francesa. Sin analizar y comprender que fue justamente eso lo que le negó el desarrollo a Francia por décadas y décadas, mientras su vecino al otro lado del canal de la mancha, se desarrollaba a pasos agigantados, garantizando la libertad por sobre todas las cosas y fomentando la creatividad y desarrollo individual, que es sin duda el pilar de una sociedad que avanza junta a mejores días.
Inglaterra no tuvo revoluciones internas comparables a la revolución en Francia, pero alcanzo el desarrollo cien años antes, sin derramar sangre, sin confrontar y con respeto a la libertad.
Quizá podamos aprender algo de las “revoluciones” que generan cambios verdaderos como la llevada adelante en Estonia, España e Irlanda por citar algunas de los últimos años, o mi ejemplo favorito, el Chile que hoy crece a ritmos vertiginosos partiendo de consensos y acuerdos, comprendiendo que es en la unión, el respeto y la libertad donde se encuentran las bases para una sociedad que se encamina al progreso. Una sociedad que conoce su historia, aprende de ella y no la repite.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
Es complicado en un espacio tan reducido mencionar muchas de las cosas que ocurrieron, pero tratare de ser lo más concreto posible.
El Rey Sol, Louis XIV, gobernó Francia de una manera ejemplar, tanto así que es recordado como el mejor monarca de la historia del país galo.
Los años pasaron y la opulencia en la que vivían los reyes, más las malas administraciones, conspiraron para que el pueblo francés poco a poco se levante contra su monarquía absolutista, que en los últimos años había sido el símbolo del poder del rey, resumido en la mítica frase del Rey Sol, “L’ Etat ce moi” (El Estado soy yo).
Con la toma de la Bastilla, símbolo del poder opresor de los reyes, el pueblo de Paris da paso a una de las etapas más comentadas y menos conocidas de la historia mundial.
Esta aparente victoria del pueblo sobre sus opresores, no genero lo esperado para quienes la llevaron adelante, ni para quienes creyeron en ella, pero sin duda sirvió de ejemplo para que otros países alcanzaran eso si, el objetivo de esta revolución, pasando por alto los puntos donde los franceses fracasaron.
Luego y durante la Asamblea Nacional, donde aparece la primera distinción clara entre la izquierda y la derecha (por su ubicación dentro del parlamento), las principales figuras de la revolución, pasaron por la guillotina dando paso a lo que la historia conoce como “Paris bajo el terror”, donde la ciudad estaba librada a su propia suerte y prevalecía una especie de ley de la selva. La situación de los franceses poco y nada había cambiado desde la revolución y el desencanto comenzaba apoderarse del país una vez más de manera generalizada. La necesidad de alguien que impusiera el orden era cada día más un clamor popular.
Estos antecedentes, sirvieron para que se crease la necesidad de una figura militar que impusiera el orden por la fuerza para entregar verdaderamente el poder al pueblo. Y así aparece el pequeño, ambicioso militar destacado, nacido en Corsica: Napoleón.
Lo que sigue creo que es conocido por todos, Napoleón se auto proclama emperador y se nombra Napoleón I. Todo por cuanto habían luchado los franceses, les había sido arrebatado con la misma velocidad con que lo habían conseguido, y se encontraron a si mismos en la misma posición de la cual partieron. Napoleón dirigió el país como su hacienda personal y luego de sus derrotas en Waterloo y Trafalgar, dejo una nación peor de la que había recibido. La monarquía volvió a instalarse con los descendientes de Louis XVII y toda esa sangre había sido derramada en vano. Tuvieron que pasar siglos para que Francia con todos sus defectos sea hoy lo que conocemos.
¿Por qué decidí hablar de este tema? Porque muchos hoy dicen que el pueblo debe tomarse el poder como lo hicieron en la revolución francesa. Sin analizar y comprender que fue justamente eso lo que le negó el desarrollo a Francia por décadas y décadas, mientras su vecino al otro lado del canal de la mancha, se desarrollaba a pasos agigantados, garantizando la libertad por sobre todas las cosas y fomentando la creatividad y desarrollo individual, que es sin duda el pilar de una sociedad que avanza junta a mejores días.
Inglaterra no tuvo revoluciones internas comparables a la revolución en Francia, pero alcanzo el desarrollo cien años antes, sin derramar sangre, sin confrontar y con respeto a la libertad.
Quizá podamos aprender algo de las “revoluciones” que generan cambios verdaderos como la llevada adelante en Estonia, España e Irlanda por citar algunas de los últimos años, o mi ejemplo favorito, el Chile que hoy crece a ritmos vertiginosos partiendo de consensos y acuerdos, comprendiendo que es en la unión, el respeto y la libertad donde se encuentran las bases para una sociedad que se encamina al progreso. Una sociedad que conoce su historia, aprende de ella y no la repite.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.


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