Saturday, March 01, 2008

El fracaso del Sistema Presidencial

El próximo agosto se cumplirán once años desde la última vez que un Presidente electo por los votantes termino su periodo. Si esta no es una razón lo suficientemente solida para usted estimado lector, como para considerar la posibilidad de buscar un sistema alternativo, lo invito a leer mi articulo.

Para comenzar me ratificare en que las personas respondemos a incentivos, nadie hace algo que sabe lo va a perjudicar.

Se dice que el Ecuador es un país de caudillos y como consecuencia de aquello tenemos un sistema presidencial. El asunto es que estamos incentivados a crear estos caudillos mediante este sistema, ya que solo el ganador podrá gobernar, y todos los demás candidatos tendrán que regresar a sus casas. Por tanto estos se ven en la necesidad de presentarse a si mismos como la “salvación” del país.

La “rigidez” que imponen los cuatro años de periodo para el Presidente se supone deberían darnos una estabilidad política – cosa que esta clara en el país no se ha conseguido – por tanto cada vez que los grupos de poder en sociedad con la ciudadanía o los políticos han decidido remover a algún mandatario de su cargo se han visto en la “obligación” de utilizar triquiñuelas legales para lograrlo y pisotear de la forma más burda la Constitución, ya que pese a violarla nadie será sancionado (la falta de una sanción es un incentivo para violarla).

A esto todavía hay que sumarle la realidad nuestra de que las crisis políticas generalmente se convierten en crisis de estado y cambio de gobierno.

Existe también el problema de la crisis de legitimidad, cuando es el Presidente el que trata de pisotear al Congreso Nacional o lo contrario, de manera general uno de los dos poderes termina imponiéndose sobre el otro – más allá de que ambos gozan de la misma legitimidad y fueron elegidos por los votantes – pero se da el caso que esta crisis de legitimidad no se resuelve y se estanca el país en una lucha de poderes, por tanto se incentiva a los militares a resolver el problema tomando uno u otro bando, abriendo así la posibilidad de poner fin a la democracia.

Existe el principio elemental de que las democracias no se imponen, sino que se construyen desde dentro de cada sociedad y se van consolidando así. Pero son justamente las democracias más solidas las que han optado por sistemas distintos al presidencialismo (con excepción de Estados Unidos y Chile).

Tal vez no lo queremos ver o no lo queremos aceptar, pero nuestra democracia y nuestras libertades penden de un hilo hace varios años, por tanto cada día que pasa estando a las puertas de una Asamblea Constituyente, que sin duda implica grandes riegos, debemos plantearnos la necesidad de debatir sobre alternativas a este sistema de gobierno que sin duda a fracasado en el país. La próxima edición planteare una opción, a usted lector lo invito a pensar la suya.

Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.