Wednesday, March 26, 2008
Articulo publicado en la Revista La U de Abril 2008.
Tuesday, March 11, 2008
De la soberanía y otros demonios
Siempre he pensado que resulta más conveniente, esperar que pasen los días para lograr hacer un análisis frío de una situación delicada como la que acabamos de vivir con Colombia.
Hoy el tema esta al menos a nivel diplomático resuelto, las implicaciones del incidente están lejos de ser superadas, pero ya no solo que podemos sino que debemos sacar las primeras conclusiones del tema.
Partimos de dos posiciones iniciales:
1- Las Fuerzas Armadas de nuestro país son incapaces de controlar el territorio ecuatoriano; o,
2- Existe una especie de “protección” de parte de nuestro país frente a un grupo como las Farc.
Ambas igual de preocupantes, obviamente la segunda tiene implicaciones muy serias que van más allá del incidente como tal. En todo caso la duda queda, cada uno haga su propia conclusión.
Luego entramos al segundo tema de fondo, y es por que solo Colombia debe ser sancionada por violar nuestra soberanía, ¿Qué pasa con las Farc? Contra ellas no se pide sanciones enérgicas por violar nuestro territorio, y claro no va a faltar quien diga que nadie las puede sancionar por que no son Estado, y esta bien, es una respuesta valida, pero al menos la sanción debe pedirse como acto formal y demostrar al mundo que se deplora la existencia de grupos que utilizan el terror como herramienta política.
Por ultimo esta el tema de la soberanía. En el Ecuador, por motivos sentimentales, románticos, melancólicos o como quieran llamarlos seguimos entendiendo la soberanía como algo absoluto, frente a lo cual no caben consideraciones de ningún tipo.
Lo lamentable de esto es seguir creyéndolo en las más altas esferas de poder, cuando se trata -al menos en los papeles- de un gobierno de académicos, que al parecer no se han actualizado, por que la soberanía absoluta fue descartada en el mundo civilizado hace casi 100 años, producto de lo cual nacen temas como la Unión Europea, cosa que bajo nuestra definición de la palabra no caben por que estaríamos perdiendo “soberanía”.
Lo que hizo Colombia es repudiable, pero al parecer razones hay para hacerlo como lo hicieron. Pero algo si hay que decir, no fue una invasión al Ecuador ni mucho menos, se trato de un tema puntual contra las Farc y la historia demostrará a quien le quedo grande el puesto por –según evidencias- solapar actitudes de grupos a quienes se teme calificar como lo que son: terroristas.
El mundo avanza y las fronteras son cada día asunto de estudio en los colegios y nada más. El abrirse al mundo desarrolló países, y nosotros en cambio con nuestro concepto atrasado de soberanía somos los más soberanos, pero este concepto entendido así solo lo mantienen los países más pobres y aislados del mundo, que están dispuestos a irse a la guerra por asuntos tan simples como lo ocurrido. ¿Soberanos? Mmm, soberanos idiotas.
Hoy el tema esta al menos a nivel diplomático resuelto, las implicaciones del incidente están lejos de ser superadas, pero ya no solo que podemos sino que debemos sacar las primeras conclusiones del tema.
Partimos de dos posiciones iniciales:
1- Las Fuerzas Armadas de nuestro país son incapaces de controlar el territorio ecuatoriano; o,
2- Existe una especie de “protección” de parte de nuestro país frente a un grupo como las Farc.
Ambas igual de preocupantes, obviamente la segunda tiene implicaciones muy serias que van más allá del incidente como tal. En todo caso la duda queda, cada uno haga su propia conclusión.
Luego entramos al segundo tema de fondo, y es por que solo Colombia debe ser sancionada por violar nuestra soberanía, ¿Qué pasa con las Farc? Contra ellas no se pide sanciones enérgicas por violar nuestro territorio, y claro no va a faltar quien diga que nadie las puede sancionar por que no son Estado, y esta bien, es una respuesta valida, pero al menos la sanción debe pedirse como acto formal y demostrar al mundo que se deplora la existencia de grupos que utilizan el terror como herramienta política.
Por ultimo esta el tema de la soberanía. En el Ecuador, por motivos sentimentales, románticos, melancólicos o como quieran llamarlos seguimos entendiendo la soberanía como algo absoluto, frente a lo cual no caben consideraciones de ningún tipo.
Lo lamentable de esto es seguir creyéndolo en las más altas esferas de poder, cuando se trata -al menos en los papeles- de un gobierno de académicos, que al parecer no se han actualizado, por que la soberanía absoluta fue descartada en el mundo civilizado hace casi 100 años, producto de lo cual nacen temas como la Unión Europea, cosa que bajo nuestra definición de la palabra no caben por que estaríamos perdiendo “soberanía”.
Lo que hizo Colombia es repudiable, pero al parecer razones hay para hacerlo como lo hicieron. Pero algo si hay que decir, no fue una invasión al Ecuador ni mucho menos, se trato de un tema puntual contra las Farc y la historia demostrará a quien le quedo grande el puesto por –según evidencias- solapar actitudes de grupos a quienes se teme calificar como lo que son: terroristas.
El mundo avanza y las fronteras son cada día asunto de estudio en los colegios y nada más. El abrirse al mundo desarrolló países, y nosotros en cambio con nuestro concepto atrasado de soberanía somos los más soberanos, pero este concepto entendido así solo lo mantienen los países más pobres y aislados del mundo, que están dispuestos a irse a la guerra por asuntos tan simples como lo ocurrido. ¿Soberanos? Mmm, soberanos idiotas.
Saturday, March 01, 2008
Ecuador y el Romanticismo del Siglo XXI
¿Han leído las síntesis generales de los informes de las mesas constituyentes? Para los amantes de la poesía del mejor nivel les recomiendo que ingresen a la pagina web de la Asamblea Constituyente y se tomen unos minutos para revisarla, sin duda Neruda parece un niño de chupón a lado de nuestros corazones ardientes constituyentes que han redactado unos textos maravillosos.
Pero amigos, si es que así de fácil resulta por que de una vez no ponemos en la nueva Constitución que el Ecuador sea un país desarrollado donde no falte empleo para nadie, donde todos tengan su encebollado después de la farra y hasta el shampoo que no irrite los ojos para así no perdernos de nuestras vacaciones pagadas.
Ya que estamos en esto de escribir cosas lindas que casi nos hagan llorar, yo también contribuyo al país y sugiero sea éste el artículo 1 de nuestra romántica nueva Constitución:
Art. 1.- El Ecuador desde la aprobación en referéndum de este nuevo texto constitucional, se convertirá en un país del primer mundo, donde no habrá pobreza, se eliminara totalmente la corrupción, la administración de justicia será las más eficiente del mundo, los empleados públicos serán los individuos más amables que conocemos, nuestras carreteras se ampliaran automáticamente y se mantendrán a si mismas en perfecto estado.
Ya ni quiero entrar en el artículo 2 donde pensaba referirme al turismo, la farra, la cintura de las mujeres y la caballerosidad de los hombres, por que sinceramente vamos a paso a paso y puede ser difícil acostumbrarnos a ser un país del primer mundo así de golpe como nos proponen nuestros redentores asambleístas.
Lo lamentable es que cualquier despistado que por un momento se olvida de la historia (o copió en el examen de la materia) no recuerda que fue justamente éste el principio de creer que la nueva norma constitucional iba a salvar a Francia de todos sus males, la que verdaderamente la condenó al caos y al subdesarrollo por casi 100 años.
Fue justamente en la época alrededor de la Revolución Francesa y su Asamblea Nacional que se probaron por primera vez los dos modelos del constitucionalismo. Mientras en Francia la nueva Constitución era más romántica que Shakespeare, en Inglaterra, donde ni la escribieron, se enfocaron en únicamente limitar el poder y establecer un marco que les permitiera a los individuos desarrollarse en libertad. Los resultados hablan por si solos.
Luego fue Estados Unidos que siguió el camino ingles y se desarrollo gracias a la libertad individual, mientras Ecuador en su independencia siguió el modelo francés y aquí seguimos. Que lamentable es ver que repetimos la historia simplemente por que no la conocemos.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en la Revista La U.
Pero amigos, si es que así de fácil resulta por que de una vez no ponemos en la nueva Constitución que el Ecuador sea un país desarrollado donde no falte empleo para nadie, donde todos tengan su encebollado después de la farra y hasta el shampoo que no irrite los ojos para así no perdernos de nuestras vacaciones pagadas.
Ya que estamos en esto de escribir cosas lindas que casi nos hagan llorar, yo también contribuyo al país y sugiero sea éste el artículo 1 de nuestra romántica nueva Constitución:
Art. 1.- El Ecuador desde la aprobación en referéndum de este nuevo texto constitucional, se convertirá en un país del primer mundo, donde no habrá pobreza, se eliminara totalmente la corrupción, la administración de justicia será las más eficiente del mundo, los empleados públicos serán los individuos más amables que conocemos, nuestras carreteras se ampliaran automáticamente y se mantendrán a si mismas en perfecto estado.
Ya ni quiero entrar en el artículo 2 donde pensaba referirme al turismo, la farra, la cintura de las mujeres y la caballerosidad de los hombres, por que sinceramente vamos a paso a paso y puede ser difícil acostumbrarnos a ser un país del primer mundo así de golpe como nos proponen nuestros redentores asambleístas.
Lo lamentable es que cualquier despistado que por un momento se olvida de la historia (o copió en el examen de la materia) no recuerda que fue justamente éste el principio de creer que la nueva norma constitucional iba a salvar a Francia de todos sus males, la que verdaderamente la condenó al caos y al subdesarrollo por casi 100 años.
Fue justamente en la época alrededor de la Revolución Francesa y su Asamblea Nacional que se probaron por primera vez los dos modelos del constitucionalismo. Mientras en Francia la nueva Constitución era más romántica que Shakespeare, en Inglaterra, donde ni la escribieron, se enfocaron en únicamente limitar el poder y establecer un marco que les permitiera a los individuos desarrollarse en libertad. Los resultados hablan por si solos.
Luego fue Estados Unidos que siguió el camino ingles y se desarrollo gracias a la libertad individual, mientras Ecuador en su independencia siguió el modelo francés y aquí seguimos. Que lamentable es ver que repetimos la historia simplemente por que no la conocemos.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en la Revista La U.
Que es la Democracia?
En la edición pasada, asumí una difícil responsabilidad y aquí la cumplo.
Democracia es una palabra conocida por todos, pero muy difícil de definir. Lincoln decía que la democracia era “el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Postura interesante pero muy utópica de cierta forma y ya veremos por que. Etimológicamente hablando, o estudiando el significado literal de la palabra, democracia viene del griego demos: pueblo y kratos: poder, lo cual a más de establecer lo ya conocido por muchos, nos plantea un dilema mayor, no solo para saber que es, sino ir un poco más allá y saber que debemos esperar de ella.
Esta palabra ha sufrido una suerte de erosión semántica por el uso indiscriminado que de ella hicieron teóricos y políticos de las más diversas y opuestas líneas ideológicas.
Hablaron de democracia los fascistas en Italia encabezados por Mussolini; Hitler hablo de democracia también, pese a postular el gobierno de las minorías selectas y de sostener que “la mayoría ha sido siempre, no solo abogada de la estupidez, sino también de las conductas mas cobardes, y así como cien mentecatos no suman un hombre listo, tampoco es probable que una resolución heroica provenga de cien cobardes”; y los comunistas llamaron democracias populares a su regimenes políticos totalitarios.
Tiene toda la razón por tanto Roger Labrousse cuando afirma que nada indigna más a los partidarios y defensores de la democracia que encontrar que la palabra pertenece también al vocabulario de sus completos adversarios.
El propósito de este artículo es no solo limitarnos a la definición, sino entender –y esto es muy importante- que tiene limites la democracia, para de esta forma evitar excesos a los que se puede llegar como son, la tiranía de la mayoría (donde los que son más sea en numero o en poder, aplastan a los que son menos) y la dictadura del voto (donde las mayorías móviles parlamentarias condicionan el desarrollo del país por fines electoreros).
Por eso decimos que es errada la idea de que la mayoría debe gobernar sin ningún tipo de límites, son justamente esos límites lo que deben encontrarse en la ley. En las democracias el peligro será siempre que la “mayoría” ejerza el poder absoluto.
Terminare citando a Hayek: “el sometimiento del gobierno a la ley fue el tesoro que un día se nos confió a los hoy por desgracia escasos y dispersos cancerberos del auténtico ideal democrático”.
Sobre democracia queda sin duda mucho por decir, sin olvidar que más allá de la definición personal que podamos armar, no podemos olvidar que como forma de gobierno tiene límites claros, y si estos se sobrepasan entramos al absolutismo de una mayoría encabezada por un déspota.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en la Revista La U.
Democracia es una palabra conocida por todos, pero muy difícil de definir. Lincoln decía que la democracia era “el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Postura interesante pero muy utópica de cierta forma y ya veremos por que. Etimológicamente hablando, o estudiando el significado literal de la palabra, democracia viene del griego demos: pueblo y kratos: poder, lo cual a más de establecer lo ya conocido por muchos, nos plantea un dilema mayor, no solo para saber que es, sino ir un poco más allá y saber que debemos esperar de ella.
Esta palabra ha sufrido una suerte de erosión semántica por el uso indiscriminado que de ella hicieron teóricos y políticos de las más diversas y opuestas líneas ideológicas.
Hablaron de democracia los fascistas en Italia encabezados por Mussolini; Hitler hablo de democracia también, pese a postular el gobierno de las minorías selectas y de sostener que “la mayoría ha sido siempre, no solo abogada de la estupidez, sino también de las conductas mas cobardes, y así como cien mentecatos no suman un hombre listo, tampoco es probable que una resolución heroica provenga de cien cobardes”; y los comunistas llamaron democracias populares a su regimenes políticos totalitarios.
Tiene toda la razón por tanto Roger Labrousse cuando afirma que nada indigna más a los partidarios y defensores de la democracia que encontrar que la palabra pertenece también al vocabulario de sus completos adversarios.
El propósito de este artículo es no solo limitarnos a la definición, sino entender –y esto es muy importante- que tiene limites la democracia, para de esta forma evitar excesos a los que se puede llegar como son, la tiranía de la mayoría (donde los que son más sea en numero o en poder, aplastan a los que son menos) y la dictadura del voto (donde las mayorías móviles parlamentarias condicionan el desarrollo del país por fines electoreros).
Por eso decimos que es errada la idea de que la mayoría debe gobernar sin ningún tipo de límites, son justamente esos límites lo que deben encontrarse en la ley. En las democracias el peligro será siempre que la “mayoría” ejerza el poder absoluto.
Terminare citando a Hayek: “el sometimiento del gobierno a la ley fue el tesoro que un día se nos confió a los hoy por desgracia escasos y dispersos cancerberos del auténtico ideal democrático”.
Sobre democracia queda sin duda mucho por decir, sin olvidar que más allá de la definición personal que podamos armar, no podemos olvidar que como forma de gobierno tiene límites claros, y si estos se sobrepasan entramos al absolutismo de una mayoría encabezada por un déspota.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en la Revista La U.
La tirania de la mayoria
Para quienes entienden la "democracia" como una forma de gobierno y elección, por la cual se toman decisiones en base a lo que quiera la mayoría; este domingo 15 de abril, fue una victoria para esa "democracia".
Es sin duda lamentable que en nuestro país, se venda la idea de que eso es democracia, cuando justamente su concepto es contrario a justificar la tiranía de la mayoría. Por este concepto entendemos que los que son "más" violen, ya sea legislando o gobernando, los derechos de los que son "menos", aplicando de manera absoluta el principio mayoritario.
En un régimen democrático el peligro es que la mayoría ejerza el poder absoluto, siendo más peligroso aún que lo ejerza la minoría.
La democracia requiere límites para evitar estos excesos, y justamente esos límites son los que deben encontrarse en una verdadera Constitución; y para este análisis utilizaré como recurso varias publicaciones, pero en particular una hecha por la Fundación Ecuador Libre cuya lectura recomiendo a todos.
Si bien, Estados Unidos de América no es precisamente hoy un referente para el país por razones básicamente ideológicas; negar que ese sistema constitucional es el que debamos imitar en varios aspectos sería sin duda descabellado.
Hemos tomado del Constitucionalismo Americano (influido por Montesquieu) el sistema de separación radical de poderes, también de ellos adoptamos el sistema presidencialista –un poco tambaleante en el Ecuador- así como la ausencia de monarquía y sin duda lo más importante: La supremacía jurídica de la Constitución.
Resulta hoy – tal vez más que nunca – importante que entendamos el por qué del éxito de la Constitución norteamericana. Su vigencia en el tiempo, se debe a que quienes la redactaron la entendieron como un documento diseñado para "gobernar al gobierno" y no a los ciudadanos, y para proteger la libertad de las personas de cualquier abuso, incluso de aquellos cometidos en nombre de la mayoría.
En estos días el Ecuador de forma abrumadora ha decidido seguir el proceso constitucional francés, –nacido en la Revolución Francesa- sin duda el más radical y absurdo de los constitucionalismos. (A esto se debe la referencia histórica de mi artículo anterior). En ella aparece la figura de la Asamblea Nacional que parte del denominado Tercer Estado. Cuando se intentó limitar sus funciones, los diputados de esta Asamblea dijeron: "una nación en Asamblea no puede recibir órdenes" –cualquier parecido a nuestra realidad es pura coincidencia-. Y así entraron en el fracasado proceso de la construcción de esa "nueva humanidad".
Mientras Robespierre afirmaba –inspirado en Rosseau- que: "la libertad del mundo será nuestra obra", los ingleses y los norteamericanos, inspirados en Locke, pedían el reconocimiento por parte de los gobernantes de su libertad natural. Mientras los franceses pretendían "inventar" la libertad, los anglosajones aspiraban consolidarla.
Pretender que la Constitución que redacte esta Asamblea Constituyente, "invente" un Ecuador mejor para todos es un absurdo, lo que sí debemos no solo esperar sino exigir, es que esa nueva Carta Magna, limite los poderes del Estado para evitar así los abusos y excesos cometidos en el pasado. La Constitución nuestra, para que tenga una larga vigencia en el tiempo, debe carecer de ideología y no debe ser un plan de gobierno de nadie, peor un conjunto de metas inalcanzables.
La nueva Constitución debe también enmarcar de forma clara la democracia para volverla real y no permitir la tiranía de unos cuantos ni de muchos.
No olvidemos que la democracia nace con el fin de destruir el poder del dictador, pero si en esta victoria lo que se hace es reproponer un poder total, entonces no hemos destruido al déspota, sino que simplemente lo hemos reemplazado.
Debemos concluir entonces teniendo claro que "todo el poder al pueblo" debe ser solo un grito de batalla, ya que como decía Hamilton: "Dad el poder a los más y oprimirán a los menos. Dad el poder a los menos y oprimirán a los más".
El tema del poder solo se resuelve si no se da el poder a ninguno, sino que se lo distribuye entre todos, mayorías y minorías.
No podemos olvidar, que la mayoría eligió a Hitler en Alemania, dándole así legitimidad bajo la óptica de quienes ven así la "democracia". Así como fue también la mayoría la que salvó a Barrabás y condenó a Jesús en tiempos bíblicos. En nombre de la mayoría se han cometido los peores excesos, demostrando aquello que siempre se le cuestionó a Maquiavelo: que el fin jamás justificara los medios; y lo que es ilegal e inconstitucional, jamás dejara de serlo, simplemente por que así lo quiere la mayoría.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
Es sin duda lamentable que en nuestro país, se venda la idea de que eso es democracia, cuando justamente su concepto es contrario a justificar la tiranía de la mayoría. Por este concepto entendemos que los que son "más" violen, ya sea legislando o gobernando, los derechos de los que son "menos", aplicando de manera absoluta el principio mayoritario.
En un régimen democrático el peligro es que la mayoría ejerza el poder absoluto, siendo más peligroso aún que lo ejerza la minoría.
La democracia requiere límites para evitar estos excesos, y justamente esos límites son los que deben encontrarse en una verdadera Constitución; y para este análisis utilizaré como recurso varias publicaciones, pero en particular una hecha por la Fundación Ecuador Libre cuya lectura recomiendo a todos.
Si bien, Estados Unidos de América no es precisamente hoy un referente para el país por razones básicamente ideológicas; negar que ese sistema constitucional es el que debamos imitar en varios aspectos sería sin duda descabellado.
Hemos tomado del Constitucionalismo Americano (influido por Montesquieu) el sistema de separación radical de poderes, también de ellos adoptamos el sistema presidencialista –un poco tambaleante en el Ecuador- así como la ausencia de monarquía y sin duda lo más importante: La supremacía jurídica de la Constitución.
Resulta hoy – tal vez más que nunca – importante que entendamos el por qué del éxito de la Constitución norteamericana. Su vigencia en el tiempo, se debe a que quienes la redactaron la entendieron como un documento diseñado para "gobernar al gobierno" y no a los ciudadanos, y para proteger la libertad de las personas de cualquier abuso, incluso de aquellos cometidos en nombre de la mayoría.
En estos días el Ecuador de forma abrumadora ha decidido seguir el proceso constitucional francés, –nacido en la Revolución Francesa- sin duda el más radical y absurdo de los constitucionalismos. (A esto se debe la referencia histórica de mi artículo anterior). En ella aparece la figura de la Asamblea Nacional que parte del denominado Tercer Estado. Cuando se intentó limitar sus funciones, los diputados de esta Asamblea dijeron: "una nación en Asamblea no puede recibir órdenes" –cualquier parecido a nuestra realidad es pura coincidencia-. Y así entraron en el fracasado proceso de la construcción de esa "nueva humanidad".
Mientras Robespierre afirmaba –inspirado en Rosseau- que: "la libertad del mundo será nuestra obra", los ingleses y los norteamericanos, inspirados en Locke, pedían el reconocimiento por parte de los gobernantes de su libertad natural. Mientras los franceses pretendían "inventar" la libertad, los anglosajones aspiraban consolidarla.
Pretender que la Constitución que redacte esta Asamblea Constituyente, "invente" un Ecuador mejor para todos es un absurdo, lo que sí debemos no solo esperar sino exigir, es que esa nueva Carta Magna, limite los poderes del Estado para evitar así los abusos y excesos cometidos en el pasado. La Constitución nuestra, para que tenga una larga vigencia en el tiempo, debe carecer de ideología y no debe ser un plan de gobierno de nadie, peor un conjunto de metas inalcanzables.
La nueva Constitución debe también enmarcar de forma clara la democracia para volverla real y no permitir la tiranía de unos cuantos ni de muchos.
No olvidemos que la democracia nace con el fin de destruir el poder del dictador, pero si en esta victoria lo que se hace es reproponer un poder total, entonces no hemos destruido al déspota, sino que simplemente lo hemos reemplazado.
Debemos concluir entonces teniendo claro que "todo el poder al pueblo" debe ser solo un grito de batalla, ya que como decía Hamilton: "Dad el poder a los más y oprimirán a los menos. Dad el poder a los menos y oprimirán a los más".
El tema del poder solo se resuelve si no se da el poder a ninguno, sino que se lo distribuye entre todos, mayorías y minorías.
No podemos olvidar, que la mayoría eligió a Hitler en Alemania, dándole así legitimidad bajo la óptica de quienes ven así la "democracia". Así como fue también la mayoría la que salvó a Barrabás y condenó a Jesús en tiempos bíblicos. En nombre de la mayoría se han cometido los peores excesos, demostrando aquello que siempre se le cuestionó a Maquiavelo: que el fin jamás justificara los medios; y lo que es ilegal e inconstitucional, jamás dejara de serlo, simplemente por que así lo quiere la mayoría.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
El fracaso del Sistema Presidencial
El próximo agosto se cumplirán once años desde la última vez que un Presidente electo por los votantes termino su periodo. Si esta no es una razón lo suficientemente solida para usted estimado lector, como para considerar la posibilidad de buscar un sistema alternativo, lo invito a leer mi articulo.
Para comenzar me ratificare en que las personas respondemos a incentivos, nadie hace algo que sabe lo va a perjudicar.
Se dice que el Ecuador es un país de caudillos y como consecuencia de aquello tenemos un sistema presidencial. El asunto es que estamos incentivados a crear estos caudillos mediante este sistema, ya que solo el ganador podrá gobernar, y todos los demás candidatos tendrán que regresar a sus casas. Por tanto estos se ven en la necesidad de presentarse a si mismos como la “salvación” del país.
La “rigidez” que imponen los cuatro años de periodo para el Presidente se supone deberían darnos una estabilidad política – cosa que esta clara en el país no se ha conseguido – por tanto cada vez que los grupos de poder en sociedad con la ciudadanía o los políticos han decidido remover a algún mandatario de su cargo se han visto en la “obligación” de utilizar triquiñuelas legales para lograrlo y pisotear de la forma más burda la Constitución, ya que pese a violarla nadie será sancionado (la falta de una sanción es un incentivo para violarla).
A esto todavía hay que sumarle la realidad nuestra de que las crisis políticas generalmente se convierten en crisis de estado y cambio de gobierno.
Existe también el problema de la crisis de legitimidad, cuando es el Presidente el que trata de pisotear al Congreso Nacional o lo contrario, de manera general uno de los dos poderes termina imponiéndose sobre el otro – más allá de que ambos gozan de la misma legitimidad y fueron elegidos por los votantes – pero se da el caso que esta crisis de legitimidad no se resuelve y se estanca el país en una lucha de poderes, por tanto se incentiva a los militares a resolver el problema tomando uno u otro bando, abriendo así la posibilidad de poner fin a la democracia.
Existe el principio elemental de que las democracias no se imponen, sino que se construyen desde dentro de cada sociedad y se van consolidando así. Pero son justamente las democracias más solidas las que han optado por sistemas distintos al presidencialismo (con excepción de Estados Unidos y Chile).
Tal vez no lo queremos ver o no lo queremos aceptar, pero nuestra democracia y nuestras libertades penden de un hilo hace varios años, por tanto cada día que pasa estando a las puertas de una Asamblea Constituyente, que sin duda implica grandes riegos, debemos plantearnos la necesidad de debatir sobre alternativas a este sistema de gobierno que sin duda a fracasado en el país. La próxima edición planteare una opción, a usted lector lo invito a pensar la suya.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
Para comenzar me ratificare en que las personas respondemos a incentivos, nadie hace algo que sabe lo va a perjudicar.
Se dice que el Ecuador es un país de caudillos y como consecuencia de aquello tenemos un sistema presidencial. El asunto es que estamos incentivados a crear estos caudillos mediante este sistema, ya que solo el ganador podrá gobernar, y todos los demás candidatos tendrán que regresar a sus casas. Por tanto estos se ven en la necesidad de presentarse a si mismos como la “salvación” del país.
La “rigidez” que imponen los cuatro años de periodo para el Presidente se supone deberían darnos una estabilidad política – cosa que esta clara en el país no se ha conseguido – por tanto cada vez que los grupos de poder en sociedad con la ciudadanía o los políticos han decidido remover a algún mandatario de su cargo se han visto en la “obligación” de utilizar triquiñuelas legales para lograrlo y pisotear de la forma más burda la Constitución, ya que pese a violarla nadie será sancionado (la falta de una sanción es un incentivo para violarla).
A esto todavía hay que sumarle la realidad nuestra de que las crisis políticas generalmente se convierten en crisis de estado y cambio de gobierno.
Existe también el problema de la crisis de legitimidad, cuando es el Presidente el que trata de pisotear al Congreso Nacional o lo contrario, de manera general uno de los dos poderes termina imponiéndose sobre el otro – más allá de que ambos gozan de la misma legitimidad y fueron elegidos por los votantes – pero se da el caso que esta crisis de legitimidad no se resuelve y se estanca el país en una lucha de poderes, por tanto se incentiva a los militares a resolver el problema tomando uno u otro bando, abriendo así la posibilidad de poner fin a la democracia.
Existe el principio elemental de que las democracias no se imponen, sino que se construyen desde dentro de cada sociedad y se van consolidando así. Pero son justamente las democracias más solidas las que han optado por sistemas distintos al presidencialismo (con excepción de Estados Unidos y Chile).
Tal vez no lo queremos ver o no lo queremos aceptar, pero nuestra democracia y nuestras libertades penden de un hilo hace varios años, por tanto cada día que pasa estando a las puertas de una Asamblea Constituyente, que sin duda implica grandes riegos, debemos plantearnos la necesidad de debatir sobre alternativas a este sistema de gobierno que sin duda a fracasado en el país. La próxima edición planteare una opción, a usted lector lo invito a pensar la suya.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
La Revolucion Francesa
Sin duda uno de los eventos más importantes de la historia del humanidad, fue este que se llevo acabo a principios y mediados de 1789 en Francia, y más específicamente, en la ciudad de las luces. Paris.
Es complicado en un espacio tan reducido mencionar muchas de las cosas que ocurrieron, pero tratare de ser lo más concreto posible.
El Rey Sol, Louis XIV, gobernó Francia de una manera ejemplar, tanto así que es recordado como el mejor monarca de la historia del país galo.
Los años pasaron y la opulencia en la que vivían los reyes, más las malas administraciones, conspiraron para que el pueblo francés poco a poco se levante contra su monarquía absolutista, que en los últimos años había sido el símbolo del poder del rey, resumido en la mítica frase del Rey Sol, “L’ Etat ce moi” (El Estado soy yo).
Con la toma de la Bastilla, símbolo del poder opresor de los reyes, el pueblo de Paris da paso a una de las etapas más comentadas y menos conocidas de la historia mundial.
Esta aparente victoria del pueblo sobre sus opresores, no genero lo esperado para quienes la llevaron adelante, ni para quienes creyeron en ella, pero sin duda sirvió de ejemplo para que otros países alcanzaran eso si, el objetivo de esta revolución, pasando por alto los puntos donde los franceses fracasaron.
Luego y durante la Asamblea Nacional, donde aparece la primera distinción clara entre la izquierda y la derecha (por su ubicación dentro del parlamento), las principales figuras de la revolución, pasaron por la guillotina dando paso a lo que la historia conoce como “Paris bajo el terror”, donde la ciudad estaba librada a su propia suerte y prevalecía una especie de ley de la selva. La situación de los franceses poco y nada había cambiado desde la revolución y el desencanto comenzaba apoderarse del país una vez más de manera generalizada. La necesidad de alguien que impusiera el orden era cada día más un clamor popular.
Estos antecedentes, sirvieron para que se crease la necesidad de una figura militar que impusiera el orden por la fuerza para entregar verdaderamente el poder al pueblo. Y así aparece el pequeño, ambicioso militar destacado, nacido en Corsica: Napoleón.
Lo que sigue creo que es conocido por todos, Napoleón se auto proclama emperador y se nombra Napoleón I. Todo por cuanto habían luchado los franceses, les había sido arrebatado con la misma velocidad con que lo habían conseguido, y se encontraron a si mismos en la misma posición de la cual partieron. Napoleón dirigió el país como su hacienda personal y luego de sus derrotas en Waterloo y Trafalgar, dejo una nación peor de la que había recibido. La monarquía volvió a instalarse con los descendientes de Louis XVII y toda esa sangre había sido derramada en vano. Tuvieron que pasar siglos para que Francia con todos sus defectos sea hoy lo que conocemos.
¿Por qué decidí hablar de este tema? Porque muchos hoy dicen que el pueblo debe tomarse el poder como lo hicieron en la revolución francesa. Sin analizar y comprender que fue justamente eso lo que le negó el desarrollo a Francia por décadas y décadas, mientras su vecino al otro lado del canal de la mancha, se desarrollaba a pasos agigantados, garantizando la libertad por sobre todas las cosas y fomentando la creatividad y desarrollo individual, que es sin duda el pilar de una sociedad que avanza junta a mejores días.
Inglaterra no tuvo revoluciones internas comparables a la revolución en Francia, pero alcanzo el desarrollo cien años antes, sin derramar sangre, sin confrontar y con respeto a la libertad.
Quizá podamos aprender algo de las “revoluciones” que generan cambios verdaderos como la llevada adelante en Estonia, España e Irlanda por citar algunas de los últimos años, o mi ejemplo favorito, el Chile que hoy crece a ritmos vertiginosos partiendo de consensos y acuerdos, comprendiendo que es en la unión, el respeto y la libertad donde se encuentran las bases para una sociedad que se encamina al progreso. Una sociedad que conoce su historia, aprende de ella y no la repite.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
Es complicado en un espacio tan reducido mencionar muchas de las cosas que ocurrieron, pero tratare de ser lo más concreto posible.
El Rey Sol, Louis XIV, gobernó Francia de una manera ejemplar, tanto así que es recordado como el mejor monarca de la historia del país galo.
Los años pasaron y la opulencia en la que vivían los reyes, más las malas administraciones, conspiraron para que el pueblo francés poco a poco se levante contra su monarquía absolutista, que en los últimos años había sido el símbolo del poder del rey, resumido en la mítica frase del Rey Sol, “L’ Etat ce moi” (El Estado soy yo).
Con la toma de la Bastilla, símbolo del poder opresor de los reyes, el pueblo de Paris da paso a una de las etapas más comentadas y menos conocidas de la historia mundial.
Esta aparente victoria del pueblo sobre sus opresores, no genero lo esperado para quienes la llevaron adelante, ni para quienes creyeron en ella, pero sin duda sirvió de ejemplo para que otros países alcanzaran eso si, el objetivo de esta revolución, pasando por alto los puntos donde los franceses fracasaron.
Luego y durante la Asamblea Nacional, donde aparece la primera distinción clara entre la izquierda y la derecha (por su ubicación dentro del parlamento), las principales figuras de la revolución, pasaron por la guillotina dando paso a lo que la historia conoce como “Paris bajo el terror”, donde la ciudad estaba librada a su propia suerte y prevalecía una especie de ley de la selva. La situación de los franceses poco y nada había cambiado desde la revolución y el desencanto comenzaba apoderarse del país una vez más de manera generalizada. La necesidad de alguien que impusiera el orden era cada día más un clamor popular.
Estos antecedentes, sirvieron para que se crease la necesidad de una figura militar que impusiera el orden por la fuerza para entregar verdaderamente el poder al pueblo. Y así aparece el pequeño, ambicioso militar destacado, nacido en Corsica: Napoleón.
Lo que sigue creo que es conocido por todos, Napoleón se auto proclama emperador y se nombra Napoleón I. Todo por cuanto habían luchado los franceses, les había sido arrebatado con la misma velocidad con que lo habían conseguido, y se encontraron a si mismos en la misma posición de la cual partieron. Napoleón dirigió el país como su hacienda personal y luego de sus derrotas en Waterloo y Trafalgar, dejo una nación peor de la que había recibido. La monarquía volvió a instalarse con los descendientes de Louis XVII y toda esa sangre había sido derramada en vano. Tuvieron que pasar siglos para que Francia con todos sus defectos sea hoy lo que conocemos.
¿Por qué decidí hablar de este tema? Porque muchos hoy dicen que el pueblo debe tomarse el poder como lo hicieron en la revolución francesa. Sin analizar y comprender que fue justamente eso lo que le negó el desarrollo a Francia por décadas y décadas, mientras su vecino al otro lado del canal de la mancha, se desarrollaba a pasos agigantados, garantizando la libertad por sobre todas las cosas y fomentando la creatividad y desarrollo individual, que es sin duda el pilar de una sociedad que avanza junta a mejores días.
Inglaterra no tuvo revoluciones internas comparables a la revolución en Francia, pero alcanzo el desarrollo cien años antes, sin derramar sangre, sin confrontar y con respeto a la libertad.
Quizá podamos aprender algo de las “revoluciones” que generan cambios verdaderos como la llevada adelante en Estonia, España e Irlanda por citar algunas de los últimos años, o mi ejemplo favorito, el Chile que hoy crece a ritmos vertiginosos partiendo de consensos y acuerdos, comprendiendo que es en la unión, el respeto y la libertad donde se encuentran las bases para una sociedad que se encamina al progreso. Una sociedad que conoce su historia, aprende de ella y no la repite.
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
Un Gigante Dormido
Hoy que tanto se habla de las naciones “Bolivarianas”, no podemos sin duda quitarle el merito al líder que fue Bolívar, específicamente en la liberación de muchos de los rincones de nuestro subcontinente. Pero eso si, ratificarme en algo muy importante, que sin duda marca la pauta al tema central de este articulo: Guayaquil se había emancipado por su propia y soberana voluntad antes de la llegada de Bolívar, y fue desde el 9 de Octubre de 1820, el Primer Gobierno Libre de lo que hoy es el Ecuador.
Más allá del punto exacto donde esta ciudad fue fundada, mucho tiempo antes de ser libre, el Guayaquil que hoy conocemos sin duda tiene sus orígenes en el Cerro Santa Ana y el majestuoso rió que baña sus orillas. Cuna de grandes lideres, de grandes políticos, patriotas, empresarios, industriales, obreros, emprendedores, bomberos, filántropos, médicos, abogados, intelectuales, deportistas, etc.
A lo largo de la historia, esta ciudad se ha autoconstruido en base al esfuerzo de sus ciudadanos: pobres y ricos, altos y bajos, negros y blancos; guayaquileños todos por igual. Y es que Guayaquil, como el ave fénix, ha resurgido de las cenizas resultado de los grandes incendios en siglos pasados. La reconstrucción, fue siempre no tarea de unos cuantos, sino de todos. Esta ciudad como un puño enfrento la adversidad unida, y estoy seguro que lo volverá hacer, si las circunstancias históricas vuelven a exigirlo.
Hemos tenido sin duda periodos obscuros, años que queremos olvidar y que con el esfuerzo diario hemos dejado atrás, ojala para siempre. Hemos sufrido reveses, hemos tenido enemigos, hemos sido invadidos y hemos inclusive sido reducidos a cenizas; pero aquí estamos, más allá del paso de los años, más allá del paso de las personas y los lideres, este Guayaquil que nos cobija sigue su marcha indetenible al horizonte claro que persigue; su desarrollo y autonomía.
¿Qué determina la grandeza de una ciudad? Primero, sin duda su numero de habitantes y su extensión geográfica. Pero la grandeza a la que me refiero, no es una que se puede cuantificar bajo ninguna de estas premisas. (Considerando que aun bajo ellas, Guayaquil es efectivamente un Gigante.) Sino una grandeza que se construye con la lucha diaria desde nuestros puestos de trabajo, desde nuestras escuelas y desde nuestros hogares por un futuro mejor. Guayaquil jamás ha pedido que se le regale nada, esta ciudad siempre ha exigido que se cumpla con ella, como ella cumple con el país.
Los episodios en que Guayaquil ha demostrado su grandeza y compromiso por sus ideales, van desde ese lejano 8 de noviembre de 1820, cuando Olmedo convoco al Primer Cabildo Abierto de Guayaquil, con todas las actuaciones intermedias, llegando al 26 de enero de 2005 cuando la gran Marcha Blanca le dijo al Gobierno de ese entonces que “Con Guayaquil no se juega” y que debe permitir el progreso de esta ciudad puerto, que busca avanzar en el liderazgo de una autonomía solidaria en todo el Ecuador.
“Todo tiempo tiene su justicia, y toda justicia su victoria. (Decía un Ex – Presidente del Ecuador, Guayaquileño por cierto). Esa Justicia y esa victoria son las que proclama en estos instantes Guayaquil, el Guayaquil que lo tiene todo por si mismo; la historia que deslumbra; naturaleza que se prodiga; luz que ilumina; agua que murmulla; pensamientos que guían y pechos que defienden.”
El Guayaquil indomable, el de la bandera celeste y blanco, el de las estrellas nítidas y las hojas de laurel entrelazadas; el Guayaquil que siente el orgullo de su dignidad incólume y la soberbia de su conciencia inflexible para enfrentarse al destino que pretenda abatirla; el Guayaquil del cual se puede decir con las palabras del insigne pensador uruguayo, que ante las saetas de la emulación o la injusticia sabe y sabrá ser “grande hasta en la misma expiación de su grandeza”
Hoy todavía el Gigante duerme, pero no descansa; trabaja, y a diario por el progreso de su gente y de su país. Quien quiera levantarla tratando de abatirla, tendrá que atenerse a las consecuencias.
Más que preocuparnos por las acciones, preocupémonos por la inacción, y quiero recordarles lo que dijo un gran líder de nuestra ciudad “Todo sacrificio, por la tierra donde uno nació, y sabe que va a morir, vale la pena, bajo cualquier circunstancia.”
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.
Más allá del punto exacto donde esta ciudad fue fundada, mucho tiempo antes de ser libre, el Guayaquil que hoy conocemos sin duda tiene sus orígenes en el Cerro Santa Ana y el majestuoso rió que baña sus orillas. Cuna de grandes lideres, de grandes políticos, patriotas, empresarios, industriales, obreros, emprendedores, bomberos, filántropos, médicos, abogados, intelectuales, deportistas, etc.
A lo largo de la historia, esta ciudad se ha autoconstruido en base al esfuerzo de sus ciudadanos: pobres y ricos, altos y bajos, negros y blancos; guayaquileños todos por igual. Y es que Guayaquil, como el ave fénix, ha resurgido de las cenizas resultado de los grandes incendios en siglos pasados. La reconstrucción, fue siempre no tarea de unos cuantos, sino de todos. Esta ciudad como un puño enfrento la adversidad unida, y estoy seguro que lo volverá hacer, si las circunstancias históricas vuelven a exigirlo.
Hemos tenido sin duda periodos obscuros, años que queremos olvidar y que con el esfuerzo diario hemos dejado atrás, ojala para siempre. Hemos sufrido reveses, hemos tenido enemigos, hemos sido invadidos y hemos inclusive sido reducidos a cenizas; pero aquí estamos, más allá del paso de los años, más allá del paso de las personas y los lideres, este Guayaquil que nos cobija sigue su marcha indetenible al horizonte claro que persigue; su desarrollo y autonomía.
¿Qué determina la grandeza de una ciudad? Primero, sin duda su numero de habitantes y su extensión geográfica. Pero la grandeza a la que me refiero, no es una que se puede cuantificar bajo ninguna de estas premisas. (Considerando que aun bajo ellas, Guayaquil es efectivamente un Gigante.) Sino una grandeza que se construye con la lucha diaria desde nuestros puestos de trabajo, desde nuestras escuelas y desde nuestros hogares por un futuro mejor. Guayaquil jamás ha pedido que se le regale nada, esta ciudad siempre ha exigido que se cumpla con ella, como ella cumple con el país.
Los episodios en que Guayaquil ha demostrado su grandeza y compromiso por sus ideales, van desde ese lejano 8 de noviembre de 1820, cuando Olmedo convoco al Primer Cabildo Abierto de Guayaquil, con todas las actuaciones intermedias, llegando al 26 de enero de 2005 cuando la gran Marcha Blanca le dijo al Gobierno de ese entonces que “Con Guayaquil no se juega” y que debe permitir el progreso de esta ciudad puerto, que busca avanzar en el liderazgo de una autonomía solidaria en todo el Ecuador.
“Todo tiempo tiene su justicia, y toda justicia su victoria. (Decía un Ex – Presidente del Ecuador, Guayaquileño por cierto). Esa Justicia y esa victoria son las que proclama en estos instantes Guayaquil, el Guayaquil que lo tiene todo por si mismo; la historia que deslumbra; naturaleza que se prodiga; luz que ilumina; agua que murmulla; pensamientos que guían y pechos que defienden.”
El Guayaquil indomable, el de la bandera celeste y blanco, el de las estrellas nítidas y las hojas de laurel entrelazadas; el Guayaquil que siente el orgullo de su dignidad incólume y la soberbia de su conciencia inflexible para enfrentarse al destino que pretenda abatirla; el Guayaquil del cual se puede decir con las palabras del insigne pensador uruguayo, que ante las saetas de la emulación o la injusticia sabe y sabrá ser “grande hasta en la misma expiación de su grandeza”
Hoy todavía el Gigante duerme, pero no descansa; trabaja, y a diario por el progreso de su gente y de su país. Quien quiera levantarla tratando de abatirla, tendrá que atenerse a las consecuencias.
Más que preocuparnos por las acciones, preocupémonos por la inacción, y quiero recordarles lo que dijo un gran líder de nuestra ciudad “Todo sacrificio, por la tierra donde uno nació, y sabe que va a morir, vale la pena, bajo cualquier circunstancia.”
Fernando Coronel Velasco
Articulo Publicado en Diario El Telegrafo.

