Los peligros de una Asamblea Constituyente
Es probable que me gane algunas criticas por este articulo, hay ciertas cosas que son reales más allá de si nos gusta aceptarlas o no, pero tengo la obligación moral de poner por lo menos a consideración de ustedes, ciertos aspectos que he llegando a comprender luego de un profundo análisis de la historia ecuatoriana y en general de los países del triangulo andino.
Las Asambleas Constituyentes no son cosa nueva para nosotros, hemos tenido varias, bajo distintas circunstancias históricas y todas las Constituciones resultado de estas han fracasado. ¿Por qué han fracasado? Bueno, por varias razones, pero principalmente por que se ha tratado en cada momento de convertir, cada Constitución, en un plan de gobierno o en un panfleto ideológico del gobernante de turno.
Se ha confundido siempre el concepto de lo que es -y debe ser- una Constitución. Que no es más que una limitación al poder del Estado frente a los ciudadanos. El volver las Constituciones específicas y llenas de asuntos para los cuales bastaría una ley ordinaria, ha sido sin duda el principal motivo para que estas pierdan vigencia con el tiempo y quieran ser redactadas nuevamente cada diez años, como es el promedio ecuatoriano.
Existe una proporción inversa que demuestra que los países que más número de Constituciones han redactado son justamente los países menos desarrollados del mundo. Para confirmar esto basta con investigar y comprender que justamente los países con más Cartas Magnas son los del triangulo andino y los del centro de África.
No quiero ser pesimista, pero si en esta nueva Asamblea se trata de imponer la voluntad del gobierno actual, el resultado no será otro más que una nueva Constitución hecha a la medida del gobernante de hoy como ha ocurrido antes siempre.
¿Los ecuatorianos no habían votado por un cambio?
Al parecer, si una vez más no aprendemos de la historia y la repetimos, sin duda tendremos un cambio, pasaremos de ser gobernados por “unos” para ser gobernados por “otros”, mientras al país se le siguen negando las posibilidades de subirse al tren del desarrollo.
No se trata de encontrar formulas mágicas, se trata de entender que hay procesos políticos y económicos que funcionan, que su éxito es probado y que el cambio de vida de esas poblaciones es palpable.
Ojala haya líderes capaces de estudiar los hechos, ver a través de los mitos y prejuicios, y obtener lecciones invaluables de la experiencia más exitosa de redemocratización y desarrollo económico desde adentro de un país en todo el siglo XX; Chile.
Las Asambleas Constituyentes no son cosa nueva para nosotros, hemos tenido varias, bajo distintas circunstancias históricas y todas las Constituciones resultado de estas han fracasado. ¿Por qué han fracasado? Bueno, por varias razones, pero principalmente por que se ha tratado en cada momento de convertir, cada Constitución, en un plan de gobierno o en un panfleto ideológico del gobernante de turno.
Se ha confundido siempre el concepto de lo que es -y debe ser- una Constitución. Que no es más que una limitación al poder del Estado frente a los ciudadanos. El volver las Constituciones específicas y llenas de asuntos para los cuales bastaría una ley ordinaria, ha sido sin duda el principal motivo para que estas pierdan vigencia con el tiempo y quieran ser redactadas nuevamente cada diez años, como es el promedio ecuatoriano.
Existe una proporción inversa que demuestra que los países que más número de Constituciones han redactado son justamente los países menos desarrollados del mundo. Para confirmar esto basta con investigar y comprender que justamente los países con más Cartas Magnas son los del triangulo andino y los del centro de África.
No quiero ser pesimista, pero si en esta nueva Asamblea se trata de imponer la voluntad del gobierno actual, el resultado no será otro más que una nueva Constitución hecha a la medida del gobernante de hoy como ha ocurrido antes siempre.
¿Los ecuatorianos no habían votado por un cambio?
Al parecer, si una vez más no aprendemos de la historia y la repetimos, sin duda tendremos un cambio, pasaremos de ser gobernados por “unos” para ser gobernados por “otros”, mientras al país se le siguen negando las posibilidades de subirse al tren del desarrollo.
No se trata de encontrar formulas mágicas, se trata de entender que hay procesos políticos y económicos que funcionan, que su éxito es probado y que el cambio de vida de esas poblaciones es palpable.
Ojala haya líderes capaces de estudiar los hechos, ver a través de los mitos y prejuicios, y obtener lecciones invaluables de la experiencia más exitosa de redemocratización y desarrollo económico desde adentro de un país en todo el siglo XX; Chile.


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